“La alta costura y la poesía, son y serán siempre dos de mis grandes amores. Estudio en el Instituto de Roberto Piazza y desde hace muchos años escribo poesía. Estuve casada con un hombre magnífico, que falleció hace ya casi doce años”.
Teresa Francisca “Teresita” Gallardo, 68 años, modista de alta costura y poeta, viuda de Alcides Ricardo Marenco. Un hijo, Darío Gastón (37), empleado textil y automovilista, (piloto deportivo). Dos nietos; Nadia de 19 años, estudia en el Instituto del Profesorado “Ciudad de Mercedes” y Diego (15), que asiste al colegio San Patricio. Hoy nos cuenta algo de su vida, su familia, sus experiencias, su trabajo, sus cosas, sus gustos…
¿Teresa o Teresita…?
Papá quiso ponerme “Teresita”, pero en el Registro Civil entonces, no se lo permitieron de manera que me puso Teresa, pero me llamó siempre él y todos, “Teresita”. Te cuento que en sus construcciones, una vez que las terminaba, le ponía “La Teresita”.
¿Tu familia…?
Fuimos cinco hermanos y yo la única mujer. El mayor es Jorge que tiene 70 años, de profesión electricista y jubilado. Lo sigo yo y a mí, los mellizos Julio Héctor (65), que es maestro confitero y Ricardo José, que falleció súbitamente en julio del año 2008 y trabajaba en el ferrocarril. El menor de todos murió en el año 2002 a los 46 de edad. Había nacido afectado por la meningitis y tenía por ello algunas discapacidades. Se llamaba Ramón Alberto. Mis padres fueron Ramón Luis, que era policía de la provincia de Buenos Aires, trabajaba en investigaciones, además de constructor de obras. Falleció a los 74 años en 1992. Mamá era ama de casa, se llamaba Blanca Josefa Gollo y tenía al morir en 2003, 88 años. Tengo dos ahijados; Claudia Gallardo, hija de mi hermano Jorge y Norma Maiorana y Sandra Dimaro, hija de Orlando “Nene” Dimaro y Mabel Bernárdez.
¿Recuerdos de tu barrio…?
Los mejores, con chicas de distintas edades pero de jugar mucho a veces en las puertas de nuestras casas, la mía estaba en 12 y 13, y en las calles también, cuando eran todavía de tierra. Algunas chicas eran Elenita Botto, Lily Frugotti, las chicas de Gaggia… Con el paso de tiempo y de grande fui vecina de todas ellas además de Marta, Ana María, “Yemi” y Nélida Dell’ Oro, su hermano “Coco”, Mirtha y “Yiye” Antonelli, Silvia Esnaola…y en las etapas duras de mi vida, llegaron Dorita y “Cacho” Andrioli.
¿Tus estudios…?
Hice la primaria en la Escuela Nº 9, en la que tuve entre mis compañeros a Marta Silea, Alicia Falabella, Aída Parodi, Julio Cortesi, Hugo y Jorge Dicatarina, Julio Cámpora, un gran amigo, como también lo era Mario Bigongiari. Otros han sido Susana Damonte, Susana Botta, (siguen los nombres) y recuerdo entre las maestras a Nelly Roncallo, Blanca Pimas, Elsa Ramírez…
¿El secundario…?
Para cuando me llegó el tiempo del secundario que tenía la intención de cursar en la Escuela Normal, mamá se enfermó severamente y estuvo internada por dos años en el Hospital Blas Dubarry, de manera que habiendo nacido como te dije, Ramón con sus problemas de salud, siendo yo la única mujer de la casa, tuve que hacerme cargo un poco de todo y de todos y no podía asistir a la escuela como era necesario.
¿Pero estudiaste, no es cierto…?
Lo hice en forma libre, rindiendo las materias de todos los años, tardando un poco más de siete en terminar con todas. Para ese tiempo, y habiendo empezado desde temprano a estudiar corte y confección, como se lo llamaba entonces, con Adelma Traverso en su casa de la avenida 17 entre 12 y 14, me recibí de modista el 30 de enero de 1962. Luego con práctica y trabajo con la señorita Blanca Johonston y tras dos años de estudios y prácticas, obtuve el título de profesora de alta costura, con mis apenas 19 años de edad.
¿Buen trabajo…?
Nunca pude quejarme, porque en realidad tuve muy buen trabajo siempre, habiéndome especializado y dedicado a vestidos de novias, madrinas y fiestas. Muchas veces pienso en la cantidad de chicas que entraron en los distintos templos de la nuestra ciudad, como también sus madrinas, vistiendo mis trabajos. En algunos casos, a sus propias hijas he tenido que vestir pasados los años.

¿Ahora mismo seguís estudiando, no es cierto…?
Estoy cursando el segundo año de un total de tres en el Instituto Superior de Diseño y Moda, perteneciente a Roberto Piazza, en el barrio de Belgrano de Buenos Aires, en Cabildo y Congreso y quisiera seguir por un año más, el cuarto para obtener la licenciatura en alta costura. Viajo una vez por semana y no tengo duda que los conocimientos que pude adquirir me abren nuevas oportunidades, como por ejemplo, poder montar una academia o escuela, de una profesión sobra la que no hay nada o casi nada en nuestra ciudad, la alta costura. Te cuento que hace un par de meses, el 4 de abril pasado para ser precisa, viajando en taxi por la Avenida Santa Fe, creo que al 1300, tuvimos un choque muy serio del que salí con algunas lesiones que pudieron haber sido muy graves, de no llevar el cinturón de seguridad abrochado. Era el miércoles de Semana Santa. Me estoy recuperando y estuve sin asistir a clase por un tiempo.
¿Disfrutás de todo eso…?
Muchísimo. El solo hecho de estudiar en el nivel que te propone por ejemplo Roberto Piazza, es tener entre tus manos, herramientas de calidad absoluta y con los mejores elementos para hacerlo. Creo no estar equivocada cuando pienso en poder enseñar a otros, todo lo que he aprendido y voy a aprender en lo que me queda de carrera.
¿Y la poesía…?
Esa es otra de mis debilidades. Siendo muy chica comencé a escribir, aunque como es costumbre, se escribe para uno mismo. Es una forma de expresión que viene del mismo interior de cada uno, de nuestras almas. Con el paso del tiempo y madurando en todo eso, pude darle forma a una 40 pequeñas obras, como yo las llamo, teniendo muchas satisfacciones y hasta ponderaciones de quienes saben de eso mucho más que yo. El escribir es un permanente abrir de ventanas de la vida, que te llevan necesariamente a ver las cosas de una manera más profunda y espiritual. Tras la muerte de papá, en 1992 comencé a hacerlo más seriamente y le dediqué “Óyeme…” (hoy es tu día papá), que es una de las que más prefiero. Luego a mi esposo le dediqué “Más allá del sentimiento”.
¿Cuándo te conociste con Alcides…?
Nos conocimos en los carnavales del año 1963 en el Club del Progreso y poco después nos encontramos en un baile del Club Estudiantes. Formalizamos el 3 de marzo cuando fue a casa, como se usaba entonces, para hablar con mis padres. Nos casamos el 18 de diciembre de 1971, viajando a Carlos Paz de luna de miel y tuvimos nuestra reunión familiar en casa de mis padres, 12 y 13. Para vivir alquilamos por 6 años, una casa en calle 10 y 13. Luego compramos la propia en 8 entre 11 y 13, en la que estuvimos y hasta montamos un pequeño autoservicio, hasta que comenzaron los problemas de tipo económico y nos fundimos, perdiendo todo, inclusive la casa, creo que en 1999.
¿Qué hacía Alcides…?
Hizo de todo. Con su gran amigo el “Nene” Orlando Dimaro y Dematei, tuvieron una Cooperativa vendiendo gas en garrafas y tubos, en la esquina de 14 y 17. Cuando dejó eso tras haber quedado solo y cuando las cosas no iban bien, comenzó a trabajar en la Fábrica Ducilo entre 1988 y 1998, fecha en que cerró y lo indemnizaron. Entonces se empleó como chófer de la línea 57, Atlántida por pocos meses y de allí a la empresa de colectivos local, Microómnibus Mercedes, en la que estaba cuando falleció de muerte súbita.
¿Fue acompañante del “Nene” Dimaro mucho tiempo, no es cierto…?
Eran muy compañeros en las carreras y el mejor amigo que Alcides tuvo. Lo acompañó mucho tiempo y yo iba a verlos correr siempre que podía.
¿Tu hijo corre…?
Darío heredó eso de su papá y me gusta que lo haga. Siempre que puedo voy a verlo en sus carreras de T.C. Regional Light y pese a que no ha podido ganar todavía, ha hecho podio. Hoy está conviviendo con Paula Agüero, que es maestra. La madre de mis nietos se llama María de los Ángeles Torre y ha formado su nueva familia. Yo estoy viviendo en una casa alquilada, ochos meses antes de morir Alcides en la avenida 30 entre 3 y 5. Darío está construyendo en un par de terrenos que ya teníamos con mi esposo, en 22 y 111 y quiere que cuando esté terminada me vaya con ellos, pero por ahora quiero seguir donde estoy.
Fuera de Juego