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Los mosquitos y los bebés: Su
cuidado y prevención
Los insectos de formas delgadas, largas patas y alas transparentes
y estrechas no respetan edad, sexo, raza ni nada que se le
parezca a la hora de decidir a quién aguijonear. Parece
que están en todos lados y, a pesar de las múltiples
formas de evitarlos, parece que han encontrado la forma de
seguir haciéndonos la vida un poco más... ardorosa.
El tema se hace más complicado cuando se trata de proteger
a los bebés muy chiquitos. Si bien existen variedad
de productos, La Sociedad Argentina de Pediatría aconseja
evitar el uso de algunos productos o cosméticos antes
de esa edad.
Como recurso de protección, entonces, quedaría
el uso del tul cubriendo la superficie de la camita. Cuando
se lo coloca correctamente no trae inconvenientes y, durante
las horas de sueño se podría considerar solucionado
el problema. Pero teniendo en cuenta la movilidad del bebé
mientras se lo alimenta, baña o entretiene nos encontramos
con importantes espacios de tiempo sin prevención más
allá del cuidado personal del adulto.
Hay que evitar los productos repelentes que todos conocemos.
Espirales, pastillitas, líquidos, etc. son desaconsejados
cuando en la casa hay algún asmático. Teniendo
en cuenta que el espiral tiene mayor efectividad y un efecto
residual, puede usarse mientras no se está en la habitación,
aunque al ventilar el lugar se corre el riesgo de que los
insectos vuelvan a entrar.
La consulta al pediatra, pues, resulta imprescindible a la
hora de determinar la conveniencia o no del uso de determinados
productos. Hay laboratorios que ofrecen repelentes que tienen
una fórmula más tolerable y con menor posibilidad
de que el chico haga una reacción alérgica al
producto.
Cuando la picadura ya se ha producido, existen remedios muy
conocidos que pueden ser utilizados a nivel local. La calamina,
por ejemplo -mezcla en polvo de óxidos de cinc y férrico-
se emplea en farmacias para preparar lociones cutáneas
y ungüentos que evitan la sintomatología de prurito
tan molesta. A veces se forma una pequeña erupción
de la piel que no presenta pus ni serosidad llamada pápula.
El pediatra indicará qué tipo de antihistamínicos
conviene usar en cada caso particular -edad, estado de salud,
patologías previas, etc- ya que, en forma de jarabe,
hay varios en el mercado. Algunos chicos han sufrido reacciones
alérgicas secundarias, más allá de la
reacción local (picadura y roncha). Otros, los casos
más extremos, presentan reacciones respiratorias manifestadas
en tos, agitación, etc., que han necesitado internación,
aunque con una frecuencia de aparición muy baja.
Si bien el organismo siempre tiene una memoria inmunológica,
la irritación producida por la picadura está
más bien relacionada a una sustancia química
irritante que tienen estos insectos.
Una problemática incentivada, sin duda, por las inusuales
condiciones climáticas que estamos padeciendo desde
hace un tiempo.
(Profesional consultado: Sergio Meniy - Pediatra MP: 37.847.
Gastroenterólogo Infantil)
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