Actualizado del 13/11 al 20/11
 
Home
 

Los mosquitos y los bebés: Su cuidado y prevención

Los insectos de formas delgadas, largas patas y alas transparentes y estrechas no respetan edad, sexo, raza ni nada que se le parezca a la hora de decidir a quién aguijonear. Parece que están en todos lados y, a pesar de las múltiples formas de evitarlos, parece que han encontrado la forma de seguir haciéndonos la vida un poco más... ardorosa.

El tema se hace más complicado cuando se trata de proteger a los bebés muy chiquitos. Si bien existen variedad de productos, La Sociedad Argentina de Pediatría aconseja evitar el uso de algunos productos o cosméticos antes de esa edad.

Como recurso de protección, entonces, quedaría el uso del tul cubriendo la superficie de la camita. Cuando se lo coloca correctamente no trae inconvenientes y, durante las horas de sueño se podría considerar solucionado el problema. Pero teniendo en cuenta la movilidad del bebé mientras se lo alimenta, baña o entretiene nos encontramos con importantes espacios de tiempo sin prevención más allá del cuidado personal del adulto.

Hay que evitar los productos repelentes que todos conocemos. Espirales, pastillitas, líquidos, etc. son desaconsejados cuando en la casa hay algún asmático. Teniendo en cuenta que el espiral tiene mayor efectividad y un efecto residual, puede usarse mientras no se está en la habitación, aunque al ventilar el lugar se corre el riesgo de que los insectos vuelvan a entrar.

La consulta al pediatra, pues, resulta imprescindible a la hora de determinar la conveniencia o no del uso de determinados productos. Hay laboratorios que ofrecen repelentes que tienen una fórmula más tolerable y con menor posibilidad de que el chico haga una reacción alérgica al producto.

Cuando la picadura ya se ha producido, existen remedios muy conocidos que pueden ser utilizados a nivel local. La calamina, por ejemplo -mezcla en polvo de óxidos de cinc y férrico- se emplea en farmacias para preparar lociones cutáneas y ungüentos que evitan la sintomatología de prurito tan molesta. A veces se forma una pequeña erupción de la piel que no presenta pus ni serosidad llamada pápula.

El pediatra indicará qué tipo de antihistamínicos conviene usar en cada caso particular -edad, estado de salud, patologías previas, etc- ya que, en forma de jarabe, hay varios en el mercado. Algunos chicos han sufrido reacciones alérgicas secundarias, más allá de la reacción local (picadura y roncha). Otros, los casos más extremos, presentan reacciones respiratorias manifestadas en tos, agitación, etc., que han necesitado internación, aunque con una frecuencia de aparición muy baja.

Si bien el organismo siempre tiene una memoria inmunológica, la irritación producida por la picadura está más bien relacionada a una sustancia química irritante que tienen estos insectos.

Una problemática incentivada, sin duda, por las inusuales condiciones climáticas que estamos padeciendo desde hace un tiempo.

(Profesional consultado: Sergio Meniy - Pediatra MP: 37.847. Gastroenterólogo Infantil)


Fin de la nota


Semanario Protagonistas. Edición digital.